Presentación Candela Santiago (vicepresidenta)

Me llamo Candela Santiago y tengo 50 años.

Estudié Psicología en la Universidad de Valencia y tras un breve período de residencia tuve el lujo y el placer de empezar mi vida laboral en el CSM de Burriana (Castellón), donde aprendí a trabajar a pie de calle, con la comunidad y sus recursos y desde el conocimiento profundo de lo que allí llamábamos “el territorio”. Arrancar en un equipo con vocación inequívocamente comunitaria, en el que a cada problema se le buscaba una solución, mediante un procedimiento transparente, horizontal y democrático, marca de modo indeleble mi perspectiva y enfoque.

Allí permanecí desde 1994 hasta 2008, y durante ese tiempo, además participé de forma activa en la gestación de la Unidad Docente de Salud Mental de Castellón. Desde entonces me siento muy comprometida con la formación de especialistas, interés que hago extensivo a todas las profesiones implicadas en el nuestro ámbito.

Es también en este período cuando entro en la AEN, y sobre  esto quiero hacer un pequeño inciso. Aunque en esta breve presentación pretendo evitar nombres, me voy a permitir una excepción, porque no puedo dejar de mencionar a José Pérez Sanfélix, mi primer Jefe de Servicio, socio de la AEN, gran activista en la Reforma Psiquiátrica en la Comunidad Valenciana y una de las dos firmas que me avaló para entrar en la asociación. Me dio las primeras lecciones sin palabras, sobre respeto y relaciones horizontales, tanto con personas diagnosticadas como entre profesionales, y me hizo sentir un honor formar parte de la AEN porque él estaba ahí y me avalaba. Porque él estuvo allí yo estoy aquí, y sigo trabajando por honrar esa firma y su memoria.

Continuando con mi trayectoria profesional, de 2008 a 2013, trabajé en otra zona rural, esta vez en Galicia, en un pueblo de Lugo (Burela). A pesar de ser también un CSM, constaté una dramática diferencia en dotación de recursos (para peor) que,  agravada por las características geográficas propias de la zona, sólo permitía una atención que uno imagina propia de países con un nivel de desarrollo muy inferior al nuestro. La experiencia de trabajar en dos CC.AA. me permite comprobar de primera mano las diferencias extremas en modelos de atención y en reparto de recursos públicos, y su grave repercusión sobre la salud mental y la calidad de vida de la población.

Desde 2014 estoy trabajando en un  Centro de Rehabilitación en Valencia, un centro dependiente del Hospital la Fe y el único de sus características en esta ciudad. Es un espacio procedente de modelos más tradicionales de rehabilitación, que va evolucionando progresivamente hacia un enfoque más actual y participativo, inspirado en valores de recuperación y emancipación, mediante el esfuerzo conjunto de usuarios y profesionales.

Paralelamente al desarrollo de mi actividad profesional, durante estos años he estado implicada, con diferentes grados de intensidad, en la mejora de la capacitación profesional de la psicología clínica y la presencia en todos los recursos asistenciales de especialistas bien formados. Considero que esta formación debe ser entendida en un sentido amplio que trascienda el paradigma mecanicista que predomina actualmente,  y que debe ser capaz de reformularse desde una perspectiva que retome a las personas, sus contextos y su historia como objeto de estudio y reflexión.

Como ejemplos de actividades en este sentido, he sido tutora de residentes durante 10 años, fui miembro del grupo de expertos del Ministerio de Educación y Ciencia para la revisión de los expedientes de solicitud del título de Psicólogo Especialista en Psicología Clínica en el periodo transitorio de convalidación (2006-2009) o representante de la AEN en la Plataforma para la defensa de la Psicología Clínica entre otros.

Y en todo este tránsito yo me he ido transformando. Empecé a estudiar psicología porque quería descifrar los significados tras las palabras y las apariencias, y encontrar de qué estamos hechos y qué nos mueve. Como todos los que empezamos, me llené de ciencia y me quedé sin respuestas y confié en encontrarlas si buscaba más ciencia. De la práctica sólo esperaba el perfeccionamiento de la habilidad técnica.

Prácticas, residencia, masters y seminarios aumentaron mis conocimientos, pero descubrí que la Piedra de Rosetta no sólo no estaba en los sofisticados tests o los experimentos, sino que tal vez ni existía ni hacía falta, porque las personas, casi siempre conseguimos entendernos si se nos facilita un modo de encontrarnos en condiciones de igualdad y respeto mutuo. Creo firmemente que eso es válido, se tenga o no un diagnóstico de enfermedad mental, y que además es una situación aún no garantizada en el encuentro terapéutico, en la relación con las instituciones y los poderes públicos y en el imaginario social.

Es para mí un compromiso ineludible, trabajar por un modelo alejado de toda forma de coerción, paternalismo y ejercicio del poder, caminando en cambio, progresivamente, hacia un enfoque en el que, expertos “por formación” y expertos “por experiencia”, podamos encontrarnos e ir generando y poniendo en práctica, sistemas eficaces de ayuda integral a las personas con sufrimiento psíquico, o diagnosticadas de enfermedad mental.

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